Los enfados que hacen que se pierdan amigos

En ocasiones te pones a pensar en el tiempo que hace que no sabes nada de un amigo. En esos momentos te das cuenta que de repente ya no sabes nada de él y que habéis pasado días e incluso meses sin hablar, tomar un café, o quedar para salir. Es curioso como la vida te va separando sin darte casi ni tiempo a asimilarlo. Esto me molesta bastante, ya que en ocasiones son rabietas tontas las que nos separan de las personas que siempre nos ha gustado tener alrededor, y gracias a estas nimiedades nos quedamos sin ellas.

Otras veces no hace falta una rabieta, tan solo el transcurrir del tiempo. El trabajo, los estudios, los viajes, al final nos separan de los amigos y llega un momento que te das cuenta que sin querer ya no los tienes a tu lado como siempre. En cualquier caso, esto es sencillo de remediar, simplemente hay que darse cuenta y tirar de mail o teléfono para retomar la amistad “en pausa”. Pero las rabietas de las que antes hablaba son algo más molesto y complicado, porque cuando uno se ” pica” con el otro, la bola suele crecer cada día más si no se sabe parar a tiempo. El orgullo, la dejadez, o lo que sea, hace que la dejemos rodar hasta que se convierte en algo tan grande que el amigo con el que te reías y te divertías, resulta ser prácticamente un extraño. Esto es lo feo del asunto.

Pero la amistad, que muchas veces he oído, es como un árbol que hay que regar, tiene estos inconvenientes. En nuestras manos está el retomar esas amistades perdidas, o dejarlas ir definitivamente, pero que no sea el orgullo o los enfados por chorradas lo que te haga abandonar a un amigo.

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